El comando de la solidaridad lucha contra el ´chapapote´
Un grupo de aragoneses regresa conmocionado tras participar en la limpieza de las playas de Muxía durante el puente
F. J. O. 12/12/2002. (El Periódico de Aragón) Conchi se ha puesto a llorar. No lo puede evitar. Es imposible. Hora y media de relato ha sido suficiente. Cesáreo, a su lado, dice que todos están en ese momento al borde del llanto. Las lágrimas que afloran en los ojos de Santi, enfrente, son la mejor prueba. ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre en la sala? Están todos emocionados. Se trata de un grupo de voluntarios aragoneses que decidió pasar el puente limpiando chapapote en la playa de Muxía y que nada más regresar, ya hace cuentas para volver. Es como si se hubieran dejado algo allí. "El corazón", dice una voz entrecortada.
Son siete, en representación de los 20 que viajaron a Muxía, una de las localidades gallegas que se ha hecho tristemente famosa en todo el mundo por sufrir las consecuencias del vertido del Prestige . Los responsables de Protección Civil restringieron el número de voluntarios aragoneses que se apuntó en las listas abiertas por iniciativa de las juventudes del PAR. "Era tanta la gente que quería ir de toda España, que tuvieron que reducir los grupos, porque no se hacían cargo de poder atender a todos", explica Luis Badenas, del Rolde. "A nosotros nos llamaban el comando maño".
Experiencia
Cuatro días de duro trabajo y solidaridad llevaron a este grupo de aragoneses de entre 21 y 40 años a vivir una "experiencia inolvidable". Por ello, invitados por EL PERIODICO, no dudaron en dar todo tipo de consejos a otro voluntario aragonés, Enrique Bérniz, que parte hoy mismo para Vigo con un grupo de la asociación GEA para colaborar también en la limpieza.
Por encima de todo, los siete explicaron a Enrique, de 22 años, que "para siempre" quedarán hermanados con la gente de Muxía. "Han sido unos días mágicos. Al salir de allí, en el autobús, no hacíamos más que llorar. Dejar allí a aquella gente y despedirnos de los otros grupos, de León, Murcia o Castellón, fue una pasada", dice Pedro Millán, un tipo muy divertido de 22 años que aún no se explica por qué en Muxía le llamaban Nacho. "No lo sé. Todos éramos un poco nachos, pero no sabemos la razón".
Lo que sí saben es que en la oficina de Protección Civil luce ya colgada de una pared la bandera de Aragón. "Nos la pidieron para guardarla de recuerdo. También muchos cachirulos". Los siete explicaron que su función en Galicia era "ayudar a la gente" y no hacer "publicidad antitrasvase". Salieron en televisión. "Sabemos que se montó una gorda, pero no estaba previsto, improvisamos".
Un grupo de aragoneses regresa conmocionado tras participar en la limpieza de las playas de Muxía durante el puente
F. J. O. 12/12/2002. (El Periódico de Aragón) Conchi se ha puesto a llorar. No lo puede evitar. Es imposible. Hora y media de relato ha sido suficiente. Cesáreo, a su lado, dice que todos están en ese momento al borde del llanto. Las lágrimas que afloran en los ojos de Santi, enfrente, son la mejor prueba. ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre en la sala? Están todos emocionados. Se trata de un grupo de voluntarios aragoneses que decidió pasar el puente limpiando chapapote en la playa de Muxía y que nada más regresar, ya hace cuentas para volver. Es como si se hubieran dejado algo allí. "El corazón", dice una voz entrecortada.
Son siete, en representación de los 20 que viajaron a Muxía, una de las localidades gallegas que se ha hecho tristemente famosa en todo el mundo por sufrir las consecuencias del vertido del Prestige . Los responsables de Protección Civil restringieron el número de voluntarios aragoneses que se apuntó en las listas abiertas por iniciativa de las juventudes del PAR. "Era tanta la gente que quería ir de toda España, que tuvieron que reducir los grupos, porque no se hacían cargo de poder atender a todos", explica Luis Badenas, del Rolde. "A nosotros nos llamaban el comando maño".
Experiencia
Cuatro días de duro trabajo y solidaridad llevaron a este grupo de aragoneses de entre 21 y 40 años a vivir una "experiencia inolvidable". Por ello, invitados por EL PERIODICO, no dudaron en dar todo tipo de consejos a otro voluntario aragonés, Enrique Bérniz, que parte hoy mismo para Vigo con un grupo de la asociación GEA para colaborar también en la limpieza.
Por encima de todo, los siete explicaron a Enrique, de 22 años, que "para siempre" quedarán hermanados con la gente de Muxía. "Han sido unos días mágicos. Al salir de allí, en el autobús, no hacíamos más que llorar. Dejar allí a aquella gente y despedirnos de los otros grupos, de León, Murcia o Castellón, fue una pasada", dice Pedro Millán, un tipo muy divertido de 22 años que aún no se explica por qué en Muxía le llamaban Nacho. "No lo sé. Todos éramos un poco nachos, pero no sabemos la razón".
Lo que sí saben es que en la oficina de Protección Civil luce ya colgada de una pared la bandera de Aragón. "Nos la pidieron para guardarla de recuerdo. También muchos cachirulos". Los siete explicaron que su función en Galicia era "ayudar a la gente" y no hacer "publicidad antitrasvase". Salieron en televisión. "Sabemos que se montó una gorda, pero no estaba previsto, improvisamos".

