60.000 niños logran dejar la esclavitud
Mercè Conesa. Barcelona. (El Periódico, 8 de noviembre de 2002). Un niño es inofensivo, dócil, barato, vulnerable. No protesta. Puede hacer de sirviente. Y, si en lugar de uno, son 100, pueden ocuparse de toda la producción de una empresa de alfombras, de pelotas de fútbol o de ladrillos. En esta situación están 250 millones de menores en todo el mundo, según explicó ayer Kailash Satyarthi, presidente de la Marcha Global contra el Trabajo Infantil, que, de momento, ya ha logrado rescatar a 60.000 niños de una sobreexplotación que raya en la esclavitud.
"Queda aún mucho que hacer por esos millones de niños que carecen de todo tipo de derechos", dijo Satyarthi, que, en 1998, provocó una auténtica descarga en las conciencias occidentales. Entonces, sacó a esa esclavitud del anonimato con una marcha de niños salidos de la explotación que recorrió 107 países, entre ellos España.
La fuerza de la educación
La Fundació La Caixa trajo a Satyarthi ayer a Barcelona para participar en una jornada sobre el derecho a la educación en los países del Sur. Satyarthi fue muy concreto: "No hay otra manera de dar poder a los pobres que dándoles educación". La globalización y la liberación de los mercados será injusta y contraproducente, según este educador indio, si no van acompañadas de justicia social. "Y para ello --subrayó-- es necesario que la gente tenga el poder que da la educación".
El líder de la Marcha Global, que pidió un traslación de los gastos militares a la educación, advirtió de que la paz de mañana "sólo se logrará si esos 250 millones de niños logran sus derechos y la libertad". Satyarthi explicó que los menores esclavizados sufren una crisis de identidad. "Eso --apostilló-- les hace ser carne de cañón de extremistas, guerrillas y fundamentalistas".
En cuanto a la situación por continentes, el experto explicó que en Asia y América Latina los niños están básicamente explotados por los sectores de producción de bienes destinados a la exportación. En África, la falta de manufacturas modifica el escenario, pero persisten esclavitudes infantiles con niños trabajando largas jornadas en la agricultura o como criados.
Boicot selectivo
Satyarthi, que es creador de la marca Rugmark (sello que garantiza que no se ha utilizado a niños en la elaboración de textiles), apostó por el boicot a las empresas que abusan de la infancia. "Pero de forma selectiva. No hay que dejar de comprar pelotas de fútbol, sino hacerlo a firmas que den garantias. Nuestra lucha --concluyó-- no es contra la producción, sino contra la explotación de seres humanos. Y los consumidores podemos decir mucho sobre eso".
Foto: REUTERS / PILAR OLIVARES. Víctor García, de 3 años, acarrea ladrillos en una cantera de Lima, el pasado junio.
Mercè Conesa. Barcelona. (El Periódico, 8 de noviembre de 2002). Un niño es inofensivo, dócil, barato, vulnerable. No protesta. Puede hacer de sirviente. Y, si en lugar de uno, son 100, pueden ocuparse de toda la producción de una empresa de alfombras, de pelotas de fútbol o de ladrillos. En esta situación están 250 millones de menores en todo el mundo, según explicó ayer Kailash Satyarthi, presidente de la Marcha Global contra el Trabajo Infantil, que, de momento, ya ha logrado rescatar a 60.000 niños de una sobreexplotación que raya en la esclavitud.
"Queda aún mucho que hacer por esos millones de niños que carecen de todo tipo de derechos", dijo Satyarthi, que, en 1998, provocó una auténtica descarga en las conciencias occidentales. Entonces, sacó a esa esclavitud del anonimato con una marcha de niños salidos de la explotación que recorrió 107 países, entre ellos España.
La fuerza de la educación
La Fundació La Caixa trajo a Satyarthi ayer a Barcelona para participar en una jornada sobre el derecho a la educación en los países del Sur. Satyarthi fue muy concreto: "No hay otra manera de dar poder a los pobres que dándoles educación". La globalización y la liberación de los mercados será injusta y contraproducente, según este educador indio, si no van acompañadas de justicia social. "Y para ello --subrayó-- es necesario que la gente tenga el poder que da la educación".
El líder de la Marcha Global, que pidió un traslación de los gastos militares a la educación, advirtió de que la paz de mañana "sólo se logrará si esos 250 millones de niños logran sus derechos y la libertad". Satyarthi explicó que los menores esclavizados sufren una crisis de identidad. "Eso --apostilló-- les hace ser carne de cañón de extremistas, guerrillas y fundamentalistas".
En cuanto a la situación por continentes, el experto explicó que en Asia y América Latina los niños están básicamente explotados por los sectores de producción de bienes destinados a la exportación. En África, la falta de manufacturas modifica el escenario, pero persisten esclavitudes infantiles con niños trabajando largas jornadas en la agricultura o como criados.
Boicot selectivo
Satyarthi, que es creador de la marca Rugmark (sello que garantiza que no se ha utilizado a niños en la elaboración de textiles), apostó por el boicot a las empresas que abusan de la infancia. "Pero de forma selectiva. No hay que dejar de comprar pelotas de fútbol, sino hacerlo a firmas que den garantias. Nuestra lucha --concluyó-- no es contra la producción, sino contra la explotación de seres humanos. Y los consumidores podemos decir mucho sobre eso".
Foto: REUTERS / PILAR OLIVARES. Víctor García, de 3 años, acarrea ladrillos en una cantera de Lima, el pasado junio.

