La Biblioteca de Alejandría resurge de sus cenizas
Jefes de Estado y altos dignatarios procedentes de diversos países, entre ellos Su Majestad la Reina Doña Sofía, asistieron ayer a la reinauguración de la histórica Biblioteca de Alejandría, que surge de sus cenizas 1.600 años después de su destrucción con el cometido de buscar la paz a través de la cultura en este mundo cada vez más enfrentado. Esa esperanza fue manifestada por todos los intelectuales que participaron en la inauguración, asi como por el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, quien afirmó que «la nueva Biblioteca debe ser, como lo fue la antigua, una mezcla de todas las civilizaciones». Mubarak hizo, asimismo, un llamamiento a la tolerancia y la diversidad cultural. A pesar de estos mensajes de paz, el temor a los atentados terroristas, que ya obligó a retrasar seis meses la fecha de la inauguración, ha convertido esta ciudad egipcia en una infranqueable fortaleza policial, sobre todo el entorno de la Biblioteca, a la que ni siquiera se podía acceder ayer con teléfono móvil o cámara fotográfica. El dispositivo de seguridad no empañó, no obstante, la fastuosidad del acontecimiento.
Palabras de Mubarak y Mahfouz
Poco después de las cinco de la tarde empezaron a llegar los invitados al nuevo edificio, a cuyas puertas se agrupaban cientos de escolares, músicos y bailarines, ataviados con los uniformes del colegio y trajes típicos, para dar la bienvenida a los altos dignatarios. Minutos antes de las cinco y media acudía Doña Sofía seguida de la Reina Rania de Jordania y del presidente de Francia, Jacques Chirac. La inauguración se celebró en la inmensa sala de lectura de la nueva Biblioteca, donde Mubarak manifestó que las disputas políticas mediante la violencia acaban en un círculo vicioso del que «todos sufrimos las consecuencias» y advirtió que hay que eliminar «cualquier intento de hegemonía ya sea mediante la fuerza militar o la económica». «Esta región -dice- siempre ha sufrido conflictos y derramamiento de sangre; ya es hora de acabar con esta situación, porque toda la sangre humana es igualmente valiosa».
El Nobel egipcio Naguib Mahfouz, que también intervino en el acto, afirmó que el principal mensaje que debe transmitir la nueva Biblioteca, que «no es sólo un depósito de libros», es un mensaje de paz, el mismo de la antigua biblioteca. Y frente a quienes hablan de choque de culturas ante la nueva situación internacional, insistió en que, por el contrario, «las culturas son complementarias». En ello coincidió también el experto en arte español Lluis Monreal, durante su intervención: «En los albores del siglo XXI la Biblioteca Alejandrina es un símbolo de la esperanza en un mundo mejor, esperanza compartida por toda la Humanidad».
El mismo mensaje fue transmitido por los otros cuatro intelectuales que intervinieron: Jack Attali (Francia), Swa Minathan (India), Margaret Catley Carlson (Estados Unidos) y Wole Soyinka (Nigeria).Entre los invitados a la ceremonia, estaban también los presidentes de Grecia, Rumanía y Maldivas, el director general de la Unesco y cerca de una treintena de delegaciones oficiales de los 58 países que han contribuido en la financiación de la que pretende ser la mayor biblioteca de todos los tiempos. Miriam Sagarribai, de la Asociación Española de Amigos de la Biblioteca de Alejandría, también mostró sus esperanzas en la nueva institución, que, en su opinión, significa «el resurgimiento de la idea de que por medio de la cultura, del saber y del conocimiento se puede llevar a una unión entre los pueblos y ensanchar este maravilloso mar Mediterráneo. Es una apuesta por la paz a través de la cultura con el deseo de que esta paz perdure y habite entre nosotros». Fuera del edificio, las calles, que habían sido engalanadas con banderas para recibir a los altos dignatarios, se mostraban desde primeras horas de la mañana vacías de automóviles y gente. Y es que el despliegue de seguridad ha sido tan extremo que hasta se desalojaron las viviendas del centro, cuyos habitantes disponen de tres días de vacaciones, desde el martes hasta hoy, y se han trasladado a las zonas costeras próximas.
El nuevo centro cultural, inspirado en la antigua Biblioteca de Alejandría, la más famosa y grande de la Antigüedad, pretende como su predecesora buscar el conocimiento sin prejuicios. Fiel al espíritu de Alejandro Magno, que estimulaba el respeto a las otras culturas y religiones, tiene como objetivo servir de puente entre Oriente y Occidente, especialmente ante la nueva situación internacional. Según su director, Ismael Serageldin, «nuestra esperanza es que la nueva Biblioteca sea una digna sucesora de la antigua y un centro de diálogo entre los pueblos y las civilizaciones».
El edificio, construido en un lugar muy próximo al que se supone ocupaba la original, tiene capacidad para 3.000 visitantes y más de ocho millones de libros, aunque de momento cuenta con unos 450.000 volúmenes y más de 7.000 manuscritos. Obra del consorcio Snohetta/Hamza, la construcción de once plantas, siete en altura y cuatro subterráneas, es absolutamente funcional. Con un diseño de forma circular y con la cubierta inclinada hacia el mar y parcialmente sumergida en un estanque, el edificio parece imitar al Sol al amanecer. El techo, todo de cristal tamizado, permite disfrutar de luz natural en las salas de lectura. Un muro de granito de Asuán y con inscripciones de todos los alfabetos del mundo, rodea el edificio. Además de biblioteca, el nuevo complejo cuenta con centro de conferencias, planetarium, bibliotecas para niños, jóvenes e invidentes, museo de ciencia, museo de caligrafía y laboratorio de restauración de manuscritos. Una de las joyas que embellecen la biblioteca es una estatua colosal de Ptolomeo, a la que le faltan las manos y los pies, que fue recuperada en 1995 frente a las costas de Alejandría, muy cerca de donde se alzaba el mítico Faro de la ciudad.
Gráfico animado de El País
La Gran Sala de la antigua Biblioteca de Alejandría en Egipto. Reconstrucción basada en datos documentales
Jefes de Estado y altos dignatarios procedentes de diversos países, entre ellos Su Majestad la Reina Doña Sofía, asistieron ayer a la reinauguración de la histórica Biblioteca de Alejandría, que surge de sus cenizas 1.600 años después de su destrucción con el cometido de buscar la paz a través de la cultura en este mundo cada vez más enfrentado. Esa esperanza fue manifestada por todos los intelectuales que participaron en la inauguración, asi como por el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, quien afirmó que «la nueva Biblioteca debe ser, como lo fue la antigua, una mezcla de todas las civilizaciones». Mubarak hizo, asimismo, un llamamiento a la tolerancia y la diversidad cultural. A pesar de estos mensajes de paz, el temor a los atentados terroristas, que ya obligó a retrasar seis meses la fecha de la inauguración, ha convertido esta ciudad egipcia en una infranqueable fortaleza policial, sobre todo el entorno de la Biblioteca, a la que ni siquiera se podía acceder ayer con teléfono móvil o cámara fotográfica. El dispositivo de seguridad no empañó, no obstante, la fastuosidad del acontecimiento.
Palabras de Mubarak y Mahfouz
Poco después de las cinco de la tarde empezaron a llegar los invitados al nuevo edificio, a cuyas puertas se agrupaban cientos de escolares, músicos y bailarines, ataviados con los uniformes del colegio y trajes típicos, para dar la bienvenida a los altos dignatarios. Minutos antes de las cinco y media acudía Doña Sofía seguida de la Reina Rania de Jordania y del presidente de Francia, Jacques Chirac. La inauguración se celebró en la inmensa sala de lectura de la nueva Biblioteca, donde Mubarak manifestó que las disputas políticas mediante la violencia acaban en un círculo vicioso del que «todos sufrimos las consecuencias» y advirtió que hay que eliminar «cualquier intento de hegemonía ya sea mediante la fuerza militar o la económica». «Esta región -dice- siempre ha sufrido conflictos y derramamiento de sangre; ya es hora de acabar con esta situación, porque toda la sangre humana es igualmente valiosa».
El Nobel egipcio Naguib Mahfouz, que también intervino en el acto, afirmó que el principal mensaje que debe transmitir la nueva Biblioteca, que «no es sólo un depósito de libros», es un mensaje de paz, el mismo de la antigua biblioteca. Y frente a quienes hablan de choque de culturas ante la nueva situación internacional, insistió en que, por el contrario, «las culturas son complementarias». En ello coincidió también el experto en arte español Lluis Monreal, durante su intervención: «En los albores del siglo XXI la Biblioteca Alejandrina es un símbolo de la esperanza en un mundo mejor, esperanza compartida por toda la Humanidad».
El mismo mensaje fue transmitido por los otros cuatro intelectuales que intervinieron: Jack Attali (Francia), Swa Minathan (India), Margaret Catley Carlson (Estados Unidos) y Wole Soyinka (Nigeria).Entre los invitados a la ceremonia, estaban también los presidentes de Grecia, Rumanía y Maldivas, el director general de la Unesco y cerca de una treintena de delegaciones oficiales de los 58 países que han contribuido en la financiación de la que pretende ser la mayor biblioteca de todos los tiempos. Miriam Sagarribai, de la Asociación Española de Amigos de la Biblioteca de Alejandría, también mostró sus esperanzas en la nueva institución, que, en su opinión, significa «el resurgimiento de la idea de que por medio de la cultura, del saber y del conocimiento se puede llevar a una unión entre los pueblos y ensanchar este maravilloso mar Mediterráneo. Es una apuesta por la paz a través de la cultura con el deseo de que esta paz perdure y habite entre nosotros». Fuera del edificio, las calles, que habían sido engalanadas con banderas para recibir a los altos dignatarios, se mostraban desde primeras horas de la mañana vacías de automóviles y gente. Y es que el despliegue de seguridad ha sido tan extremo que hasta se desalojaron las viviendas del centro, cuyos habitantes disponen de tres días de vacaciones, desde el martes hasta hoy, y se han trasladado a las zonas costeras próximas.
El nuevo centro cultural, inspirado en la antigua Biblioteca de Alejandría, la más famosa y grande de la Antigüedad, pretende como su predecesora buscar el conocimiento sin prejuicios. Fiel al espíritu de Alejandro Magno, que estimulaba el respeto a las otras culturas y religiones, tiene como objetivo servir de puente entre Oriente y Occidente, especialmente ante la nueva situación internacional. Según su director, Ismael Serageldin, «nuestra esperanza es que la nueva Biblioteca sea una digna sucesora de la antigua y un centro de diálogo entre los pueblos y las civilizaciones».
El edificio, construido en un lugar muy próximo al que se supone ocupaba la original, tiene capacidad para 3.000 visitantes y más de ocho millones de libros, aunque de momento cuenta con unos 450.000 volúmenes y más de 7.000 manuscritos. Obra del consorcio Snohetta/Hamza, la construcción de once plantas, siete en altura y cuatro subterráneas, es absolutamente funcional. Con un diseño de forma circular y con la cubierta inclinada hacia el mar y parcialmente sumergida en un estanque, el edificio parece imitar al Sol al amanecer. El techo, todo de cristal tamizado, permite disfrutar de luz natural en las salas de lectura. Un muro de granito de Asuán y con inscripciones de todos los alfabetos del mundo, rodea el edificio. Además de biblioteca, el nuevo complejo cuenta con centro de conferencias, planetarium, bibliotecas para niños, jóvenes e invidentes, museo de ciencia, museo de caligrafía y laboratorio de restauración de manuscritos. Una de las joyas que embellecen la biblioteca es una estatua colosal de Ptolomeo, a la que le faltan las manos y los pies, que fue recuperada en 1995 frente a las costas de Alejandría, muy cerca de donde se alzaba el mítico Faro de la ciudad.
Gráfico animado de El País
La Gran Sala de la antigua Biblioteca de Alejandría en Egipto. Reconstrucción basada en datos documentales

